Los diez leprosos fueron sanados.
Era un día cálido en alguna parte de la región que limitaba entre Samaria y Galilea. El polvo de los caminos se levantaba en el aire seco, y una ligera brisa traía consigo el olor de la tierra árida y los campos lejanos. En ese camino, en las afueras de un pequeño pueblo, había un grupo de diez hombres. Estos hombres no eran como los demás; ellos llevaban las marcas de una enfermedad temida por todos: la lepra. La lepra, en aquella época, era más que una enfermedad física; era una sentencia de aislamiento. Estos hombres no solo sufrían el dolor de la carne deteriorándose, las llagas que cubrían sus cuerpos y el entumecimiento en sus extremidades, sino que también habían sido alejados de sus familias, de sus comunidades, y prácticamente de todo lo que amaban. Los leprosos vivían fuera de las ciudades, en colonias alejadas, porque la ley mosaica exigía que se mantuvieran apartados para no contaminar a los demás. Imaginemos el sufrimiento emocional de estos diez hombres. Día tras día, d...