El Ciego Bartimeo.
Es un día caluroso y polvoriento en Jericó, una de las ciudades más antiguas y concurridas de la región. Las calles están llenas de actividad: comerciantes, viajeros y peregrinos se mueven de un lado a otro. El sol de la tarde es abrasador, y el ruido de la multitud resuena en todos los rincones. Cerca de las puertas de la ciudad, hay un hombre sentado al borde del camino. Su nombre es Bartimeo, y es ciego. Bartimeo había estado ciego por muchos años, tal vez desde su juventud o incluso desde su nacimiento. Su vida era una lucha constante. En una sociedad que no ofrecía muchas oportunidades para los discapacitados, Bartimeo había tenido que aprender a sobrevivir mendigando. Cada día, se sentaba en el mismo lugar, extendiendo la mano y esperando que los transeúntes tuvieran compasión y le dieran unas pocas monedas. Los pies de los viajeros levantaban polvo en el aire, el cual a menudo se pegaba a su piel, y el calor del día lo agobiaba. Imaginemos a Bartimeo, vestido con ropas des...