El hombre con espíritus malignos.
La mañana era oscura, con una atmósfera cargada por la humedad que flotaba en el aire. Después de la impresionante calma de la tempestad en la que Jesús había mostrado su dominio sobre la naturaleza, los discípulos, aún asombrados por lo ocurrido, remaban hacia la costa oriental del mar de Galilea, una región que pocos de ellos conocían. Al llegar a la orilla, el terreno parecía árido, inhóspito, con montañas escarpadas y cavernas que se alzaban en la distancia, lugares que albergaban tumbas y sepulcros antiguos. Esta zona, la región de los gadarenos, era conocida por ser un territorio gentil, donde los judíos rara vez se aventuraban. El paisaje era extraño y desolado. El suave sonido de las olas rompiendo contra las rocas y el chillido ocasional de las aves carroñeras eran lo único que perturbaba la inquietante quietud. Los discípulos, mientras sacaban la barca a la orilla, comenzaron a sentir una opresión en el aire, algo invisible, pero palpable, como si el ambiente mismo estuviera...